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De Mendoza al Atlántico: el vino argentino que se atreve a explorar

En Colombia se toma más vino que hace una década, y una generación nueva llega a la copa con ganas de descubrir. Una bodega centenaria muestra por qué vale la pena seguirle la pista al vino hasta sus orígenes.

¿Hay que saber de vinos para disfrutar una copa? Cada vez menos. En Colombia, el consumo per cápita de vino pasó de 0,44 litros en 2014 a 0,60 litros en 2024, según cifras de la FAO y de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV): un crecimiento cercano al 36% en diez años. Y mientras el consumo mundial se contrae, los análisis de la firma IWSR muestran que los consumidores jóvenes que se quedan en la categoría experimentan más y están más abiertos a nuevos estilos y formatos.

"Hoy la experiencia del vino va mucho más allá de las características técnicas de una botella. El disfrute también está vinculado con la ocasión, el descubrimiento y las emociones que genera", dice Sergio Casé, enólogo jefe de Bodega Trapiche. "Las nuevas generaciones viven el vino de una manera más descontracturada y experiencial. Buscan vinos fáciles de tomar, frescos y accesibles, y al mismo tiempo tienen curiosidad por probar nuevos varietales, regiones y estilos".

Mendoza, donde empieza la historia

Trapiche nació en Mendoza en 1883 y lleva más de 140 años explorando nuevas expresiones del vino argentino. Mendoza es la mayor región vitivinícola del país y un destino en sí misma: viñedos al pie de la cordillera de los Andes, bodegas que se visitan con cata y almuerzo maridado, y zonas como Luján de Cuyo, Maipú —ideal para recorrer en bicicleta— y el Valle de Uco, con sus viñedos de altura.

Chapadmalal: viñedos a seis kilómetros del mar

Uno de los experimentos más curiosos de la bodega está lejos de la montaña. En 2009, Trapiche plantó Costa & Pampa en Chapadmalal, cerca de Mar del Plata, a seis kilómetros del océano Atlántico. El contraste es enorme: mientras Mendoza recibe unos 200 mm de lluvia al año, en Chapadmalal pueden caer 1.100 mm, con un clima más frío y húmedo que da vinos frescos, delicados, aromáticos y con una marcada expresión mineral.

"Si no te animas a explorar nuevas regiones, hay paisajes e historias que jamás vas a descubrir. Esa curiosidad nos llevó a mirar más allá de Mendoza y explorar la costa atlántica, un origen que en ese momento parecía impensado para la vitivinicultura argentina". — Sergio Casé

El vino en la mesa colombiana

La exploración también puede darse sin salir de casa. Una de las oportunidades del vino en Colombia está en sacarlo de las ocasiones tradicionales y llevarlo a la diversidad de la cocina local: un Malbec o un Cabernet Sauvignon para las carnes —de una carne a la llanera a una posta cartagenera— y un blanco fresco para las preparaciones del Pacífico y del Caribe, como un encocado o un arroz con coco. La idea no es convertirse en experto, sino atreverse a probar algo distinto.

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